Cuando hablamos de Argentina, el tango inevitablemente viene a la mente. Este género musical se ha convertido en un símbolo nacional, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Desde sus orígenes hasta hoy, se ha adaptado a diferentes épocas sin perder nunca su identidad y esencia, convirtiéndose en un estilo verdaderamente único.
Debemos remontarnos a finales del siglo XIX, en la cuenca del Río de la Plata—concretamente en el barrio de La Boca—donde muchos de los conventillos (casas de vecindad) albergaban a inmigrantes recién llegados. El tango comenzó como un ritmo tocado en los barrios más pobres. Nació como un lenguaje común entre criollos nativos, inmigrantes europeos y descendientes de esclavos africanos. No compartían el mismo idioma, pero sí compartían el ritmo.
El sonido del tango surgió como una fusión de música criolla y española, el candombe africano, el vals europeo, la mazurca y el flamenco. Sin embargo, su baile tenía un origen muy distinto de la imagen seductora que conocemos hoy.
El tango nació en burdeles de principios del siglo XX. La mayoría de los inmigrantes eran hombres y, en Buenos Aires, las mujeres francesas y las prostitutas vieron una oportunidad. Los hombres tenían que esperar en largas filas, así que, para demostrar su “masculinidad”, empezaron a bailar entre ellos, mostrando dominio a través del movimiento. Así es como el tango adquirió su forma característica: primero “la lucha”, y después, el amor. Sus letras utilizaban lunfardo, una jerga nacida de los dialectos de los inmigrantes que más tarde fue reconocida como propia de Buenos Aires.
Desde sus inicios, el tango estuvo ligado a las clases sociales más bajas. Con el tiempo, tanto su baile como sus letras superaron la marginalidad y se hicieron conocidos en todo el país, especialmente en Buenos Aires.
Para la década de 1940, el tango había alcanzado una gran popularidad. Se escuchaba en cafés y confiterías, y en algunos casos incluso se bailaba—especialmente a lo largo de la Avenida Corrientes, el corazón de la escena del tango.
La evolución del tango suele dividirse en tres períodos: Guardia Vieja, Guardia Nueva y la Edad de Oro. Cada etapa tiene sus autores y representantes icónicos:
El tango también fue un elemento clave en la construcción de una identidad nacional que Argentina necesitaba en ese momento. Hoy en día, sigue siendo una reafirmación de esa identidad. Tan popular como respetado, el tango se canta y se baila de norte a sur, representando a Argentina en todo el mundo como parte de su legado cultural.
En Buenos Aires, hay innumerables lugares para disfrutar de espectáculos de tango. Como expertos locales, recomendamos: El Viejo Almacén, El Querandí, Michelangelo, La Ventana, El Aljibe, Gala Tango, Rojo Tango y Mansión Tango.
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